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Diario de Dibujos III

De camino a mi oficina hay un chino que vende alas. De un tiempo a ahora suelo comprarle un par todas las tardes, camino de mi oficina. Suelen ser de mariposa, angelito o libélula. Y la calle Palma, pista desde donde despegar y volar a un destino incierto y bastante poco creíble. El despegue siempre se suspende en el último segundo. Yo tuerzo a la derecha por Fuencarral y las alas emprenden el vuelo. Como pasajeros todos los recuerdos de ese viaje que nunca existió.
Cada día un nuevo destino.